Salen
los niños alegres
de
la escuela,
poniendo
en el aire tibio
de
abril canciones tiernas,
¡qué
alegría tiene el hondo
silencio
de la calleja!
Un
silencio hecho pedazos
por
risas de plata nueva.
Federico García Lorca.
LOS CONSEJOS DEL PROFESOR
Recuerdo que en el colegio
me decía un profesor:
"El cariño siempre suma,
lo que resta es el rencor.
Intenta ser siempre múltiplo,
pocas veces divisor.
Recibir está muy bien,
pero dar está mejor.
Comparte las alegrías
y acompaña en el dolor".
Sigue siempre estos consejos
de aquel viejo profesor.
Carlos Reviejo.
TRABATRASTOS
Tres
tristes trastos
trotan
tráfico a través.
Trisca
que trisca que trisca:
trolebús,
tranvía y tren.
Tres
tristes trastos
retumban
tras el telón.
Truena
que truena que truena:
tambor,
trompeta y trombón.
Tres
tristes trastos
me
taladran la sesera.
Trina
que trina que trina:
tostador,
timbre y tetera.
Pedro Mañas
EL VIENTO GIME
El viento gime
entre las ramas
y en los arroyos
el agua canta.
Aúlla el lobo,
el ciervo brama.
Se oye el crujido
de la hojarasca.
Gritos y trinos,
ruidos de alas ...
Con mil sonidos,
el bosque habla.
Carlos Reviejo.
EL CUENTO
de los castaños
dura muchos, muchos años.
El cuento
de los cipreses,
meses.
El cuento
de la manzana
dura toda la semana.
El de la judía,
un día.
El de la mora,
una hora.
El del guisante,
un instante.
Y el de la granada,
nada.
LOS RATONES
Juntáronse los ratones
para librarse del gato;
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.
Salió un ratón barbicano,
colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:
-¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?
Lope de Vega.
RECETA PARA HACER UN MONSTRUO
Primero, los ingredientes:
Un buen calcetín peludo,
un felpudo maloliente,
cuatro dientes de ajo crudo
y un poco de detergente.
.
Dos botones de una blusa,
tres pelusas de tu ombligo,
un abrigo de señora,
jabón, canela y un higo.
.
Y sigo:
todo junto a la cazuela...
¿Qué cazuela? ¡Lavadora!
La encendemos con cautela,
cerramos la portezuela
y esperamos una hora.
.
Recomiendo un prelavado.
De enjabonado, lo justo.
Lavapimentar sin miedo,
salcentrifugar al gusto.
.
Cuando al volver esté abierta
la puerta del artefacto,
en vez de llevarse un susto,
asomarse de inmediato,
con mucho tacto y alerta,
al vientre del aparato.
.
Y allí estaré, sonriente,
dormitando como un gato.
De pelusa por arriba,
de franela por abajo.
.
Ojos de botón de blusa,
risa de dientes de ajo,
calor de tela de abrigo,
olor a pies y a canela,
cuernos de gajo de higo:
un monstruo tierno,
un amigo
al que abrazar en invierno.
Pedro Mañas
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